#3 / Enero-Febrero 2014

Entrevista

Alberto Blecua

El guardián de los textos

Josep Maria Martí Font

Última clase del profesor Alberto Blecua en la Universidad Autónoma de Barcelona © Jean Marie Fritz

«Cambias una palabra y cambias un universo»

Hace poco más de un año, el profesor Alberto Blecua (Zaragoza, 1941) impartía su última clase antes de jubilarse. Cerca de un centenar de personas, la mayoría antiguos alumnos suyos –ahora profesores, catedráticos, escritores… –, acudían a la cita con una mezcla de excitación y nostalgia. Las clases de Blecua fueron famosas casi desde que debutó en 1971 en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), donde aquel día se despedía. Eran alta cultura en el sentido más redondo del término, porque Blecua embarcaba a sus discípulos en el viaje del conocimiento, les descubría los saberes más inauditos e incluso inútiles, como corresponde al arte de la Filología, de la gran Filología, y les hacía tales cosquillas en las neuronas que ya no paraban nunca más de agitarse. Hijo y hermano de grandes filólogos, su padre José Manuel Blecua Teijeiro fue uno de los fundadores del Instituto de Filología Española y de la cátedra de la Universidad de Barcelona, y su hermano, José Manuel Blecua Perdices, es el actual director de la Real Academia Española de la Lengua. Su jubilación coincide con la de José Carlos Mainer, Francisco Rico y Aurora Egido. Se cierra una era. «Era el mejor departamento del mundo», piensa Blecua.   

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