#28 / Marzo-Abril 2018

¿Qué es nuevo?

¿En qué consiste lo nuevo hoy?

Santiago Zabala

© Flavita Banana, www.flavitabanana.com

Lo nuevo se apodera de nuestro interés gracias al prejuicio del progreso, como si la novedad siempre fuera lo mejor. Sin embargo, los nuevos políticos, los nuevos descubrimientos tecnológicos y las nuevas obras de arte ¿son siempre y necesariamente mejores que sus predecesores? Las novedades del año pasado en materia de política, tecnología y arte se presentan como si ese fuera el único criterio: el joven presidente de Francia no sólo reformará su país, sino que además salvará a Europa; un nuevo software de reconocimiento facial nos permitirá acceder a edificios, autorizar pagos y perseguir a delincuentes, y el proyecto Treasures from the Wreck of the Unbelievable («Tesoros del naufragio de lo increíble») de Damien Hirst supera todas sus obras anteriores. Si bien es cierto que todas estas son, en efecto, novedades, pues antes no disponíamos de ellas, no necesariamente constituyen un avance, al menos hasta que aparezca una prueba o una interpretación que diga lo contrario. «Todas las innovaciones –explica Boris Groys en su libro Sobre lo nuevo– provienen de una nueva interpretación, una nueva contextualización o descontextualización de una actitud o un hecho cultural.» Si hoy en día la innovación no puede definirse tan sólo en virtud de nuestra compulsión por el progreso, el crecimiento y la mejora, ¿cómo podemos saber cuándo ocurre algo nuevo?

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