#22 / Marzo-Abril 2017

José Luis Moreno Pestaña

Del capital erótico a la razón erótica

La comunidad Pro-ana ha convertido la anorexia (Ana) en su dogma. Veneran esta enfermedad porque da sentido a su «estilo de vida» totalitario. En esta comunidad virtual declaran mandamientos, comparten trucos motivacionales e intercambian cientos de imágenes de modelos delgados/as a través de sus blogs. Han creado un nuevo lenguaje visual, llamado Thinspiration, consumido obsesivamente para seguir luchando contra la báscula día tras día. Ahora, han dado un paso más en la interacción al compartir fotografías de sus propias clavículas huesudas y vientres extraplanos; al consumir imágenes de anorexia extrema, los Pro-ana han hecho evolucionar el concepto de Thinspiration. Lo que yo hago es retomar sus autorretratos, fotografiando y reinterpretando sus imágenes desde la pantalla, y el resultado es una respuesta visual al vínculo entre obsesión y autodestrucción y la desaparición de la propia identidad. El proyecto es un viaje personal e introspectivo por la naturaleza del deseo obsesivo y los límites de la autodestrucción, así como una denuncia de los nuevos factores de riesgo de la enfermedad: las redes sociales y la fotografía © Laia Abril, 2012


El lector, si frecuenta las ciencias humanas, leerá a menudo referencias dramáticas al cuerpo, anunciando a su respecto conflictos de primera magnitud. En algunas resulta complicado discernir qué diferencia tales discursos de la literatura de autoayuda, salvo quizá las referencias a reputados intelectuales críticos. Igual que el cuerpo se ha convertido en un fetiche social, también funciona como un fetiche discursivo.

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