#32 / Noviembre - Diciembre

Relato

Desde el despacho de Raimon Panikkar

«¿Nos aporta algo el conocimiento de los espacios de un pensador a la comprensión de su obra?»

Ignasi Moreta

Raymon Panikkar en Can Feló, la casa de Tavertet, en 1980. Autor desconocido.

En Can Feló (Tavertet) se comprenden muchas cosas. Me hallo en lo que fue el despacho de Raimon Panikkar, al lado de la habitación donde murió. En este despacho me había reunido con él en varias ocasiones. Cuando Panikkar recibía en su despacho, lo hacía detrás de su mesa de trabajo, sentado de espaldas a la ventana. Hoy, unos años después del fallecimiento de Panikkar, escribo sentado al otro lado de la mesa. Haciéndolo, experimento una ligera sensación de… ¿sacrilegio? No, esto implicaría sacralizar a Panikkar, algo que no he hecho nunca. Siento, eso sí, una cierta sensación de desubicación, de alteración del lugar que me corresponde. Hoy ocupo en el despacho de Panikkar el lugar que ocupaba él. No recibo a nadie, claro. Yo aquí estoy sólo de paso: un fin de semana en familia, aprovechando el hecho de que la hija y el yerno de Raimon Panikkar han transformado la casa donde él vivió los treinta últimos años de su vida en un hospitalario alojamiento rural. Hija y yerno –especialmente el yerno, arquitecto técnico– han trabajado mucho para compatibilizar los nuevos usos de la casa con el respeto por unos espacios cargados de significación. Esto no es ninguna casa museo. No quiere ser un santuario en memoria de un sabio desaparecido. No se ha querido sacralizar nada. No se ha querido congelar el tiempo. Pero sí se ha querido ser respetuoso con unos espacios que fueron transformados y habitados por una personalidad magnética como fue Raimon Panikkar. Detrás de mí hay todavía unas funcionales estanterías de madera donde Panikkar tenía los libros de consulta más habituales: diccionarios, sobre todo, al lado de CD de música clásica. Hoy, estas repisas están vacías: los libros fueron legados por Panikkar a la Universitat de Girona, que los ha catalogado y puesto a disposición de todos los investigadores interesados. A mi izquierda, por la ventana puedo ver algunas ramas de la magnolia que los discípulos de Panikkar le regalaron con motivo de sus ochenta años. A mi derecha, un dintel horizontal y una mayor profundidad de la pared delatan claramente el espacio donde había una puerta. Esta puerta unía el despacho de Panikkar con su dormitorio. Hoy, esta pared está tapiada para que el dormitorio, que tiene otra entrada, sea independiente del antiguo despacho de Panikkar, ahora una amplia suite con mesa de trabajo (la mesa donde escribo estas líneas), un canterano, dos baúles mundo y una cama de matrimonio.

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