#14 / Noviembre-Diciembre 2015

Editorial

Distintas escenas del tránsito

Josep Ramoneda

Los mensajes de móvil de los refugiados sobre los que trata la Galería Texting Syria son una poderosa y trágica imagen de las contradicciones de un mundo en tránsito: diáspora y conexión tecnológica. El progreso científico no se corresponde con el moral, político y social. Millones de ciudadanos huyen desesperadamente de sus tierras intentando mantener la conexión con los suyos.

Estar en tránsito es el estado natural de la especie humana, que se caracteriza por su precariedad y que está sometida al implacable ciclo del nacer, crecer y morir. Nacer, escribía Claudio Magris, «es una irrupción en el mundo más turbulenta, más inconcebible que la salida del escenario al final del espectáculo». El estado de tránsito es una expresión de que nuestro fundamento es la contingencia, una condición difícil de asumir. Y para hacerla más soportable, la humanidad no ha cesado de inventar relatos que nos den amparo, raíces, ubicación, sensaciones que atemperan la cruda experiencia de ser conscientes de que cada vida es un instante en medio del universo. De ellos han salido formas de orden y civilización, pero también trágicos epifenómenos de conflictividad y muerte. Las religiones, las ideologías, las utopías, los nacionalismos y otras fabulaciones representan la contradictoria lucha por estar en el mundo y la asunción de nuestro destino.

Este ser de paso busca un orden que le dé pautas y sentido. En las sociedades acomodadas el reflejo conservador entra en acción cada vez que parece que algo se rompe. Y a menudo apura innecesariamente instituciones agotadas. España, como toda Europa, sufre las consecuencias de una crisis que ha abierto brechas sociales y mentales profundas, con una explosión de las desigualdades latentes y alarmantes desequilibrios internos (Michel Feher nos habla de ello). Como todo el mundo, padece la disfunción de una economía globalizada y una política que sigue siendo global y local, pero ha perdido capacidad de control de los abusos del dinero y ha dejado de ser el poder de los que no tienen poder y en su lugar se acomoda a la aceleración de las nuevas tecnologías y a progresos del conocimiento que afectan a las mismas coordenadas existenciales. (Temas de reflexión de Emmanuel Alloa y Emanuela Fornari.) A todo ello se añade el agotamiento de los instrumentos políticos e institucionales del régimen surgido de la Transición. Hay demanda de reformas verdaderas que modifiquen la distribución del poder y de una manera distinta de hacer política, que recupere la relación perdida con la ciudadanía, después de que los principales partidos colonizaran las instituciones como si fueran de su propiedad.

Javier Cercas se pregunta en qué quedará este anhelo de cambio. Y es triste no poder descartar que al final todo siga como antes. Pero, como la trayectoria de Ada Colau explica, es posible llegar al poder desde territorios alejados de sus núcleos tradicionales de influencia y dirigirse a los ciudadanos de otra manera, sin que la empatía sea incompatible con las responsabilidades institucionales. Son años en que las desigualdades han hecho brecha, ahondando siempre en fracturas que vienen de muy lejos. Entre ellas, en un lugar central, la desigualdad entre hombres y mujeres, estructural e inscrita en buena parte de las leyes. Éste es el tema del Dossier.

En nuestro empeño en seguir reflexionando sobre la experiencia humana y las mutaciones que vivimos, quiero anunciar una nueva iniciativa. La creación de la Escuela Europea de Humanidades, con la Fundación La Caixa, que tendrá su sede en el Palau Macaya de Barcelona. Un espacio para compartir preocupaciones e ideas, con Europa como marco cultural de referencia. Pensar en europeo quiere decir establecer puentes y vínculos entre culturas todavía muy endogámicas, relativizar los mitos eurocéntricos, hacernos más permeables al mundo y cruzar experiencias para dar sentido al tránsito.