#1 / Septiembre-Octubre 2013

Editorial

El buscador cultural

Josep Ramoneda

El humano es un ser curioso. Michel Foucault decía que la curiosidad es el motor del conocimiento. La curiosidad rompe barreras: de las ideas recibidas, de los hábitos y de las costumbres, de las obligaciones que no se cuestionan, de los lugares comunes de la familia y de la tribu, de las verdades establecidas, de las pautas que organizan los espacios de poder. La gente busca el sentido de las cosas. Y eso los acerca a la cultura.

Los cambios tecnológicos fruto de la revolución de la información y de las ciencias de la vida afectan directamente a la condición humana. Como en otros momentos de la historia pero, probablemente, más que nunca, el ser humano vive un cambio antropomórfico de adaptación a un mundo nuevo. Como es sabido, la cultura ha dado a la especie una capacidad de adaptación muy superior a la que le ofrece la lenta evolución de la naturaleza.

La cultura permite encontrar puntos de vista y perspectivas para entender mejor las cosas que pasan. No es ninguna garantía de salvación, en nombre de la cultura se puede alcanzar lo más excelso o caer en lo más atroz, pero es un bien necesario para cierta plenitud humana y parte esencial de un bienestar digno de este nombre.

En los últimos tiempos, a caballo de nuevas hegemonías ideológicas, la economía ha adquirido una gran preeminencia en el ámbito del pensamiento y en los medios de comunicación. Acercar la economía a la filosofía y a las humanidades es un modo de fomentar un nuevo humanismo que devuelva a los ciudadanos protagonismo y reconocimiento.  De modo que esta revista nace con una triple vocación:

Contribuir al debate sobre el mundo actual y su sentido, a partir de dos disciplinas aparentemente muy alejadas, la filosofía –y las humanidades, en general– y la economía, que, en diálogo, pueden ser extremadamente útiles para pensar mejor el futuro (que siempre es una manera de entender el presente); acabar con las amenidades posmodernas, en que todo es susceptible de significar cualquier cosa;  y afrontar las fracturas tecnológicas (sociedad digital, biotecnología), culturales (contra el culto a las civilizaciones y el multiculturalismo) y geopolíticas.

Fomentar una mirada cosmopolita, desde una perspectiva europea, con plena incorporación de puntos de vista hasta ahora considerados minoritarios, como los de género, y de  las miradas periféricas que están adquiriendo un protagonismo creciente.

Ofrecer a las personas interesadas un medio de comunicación, un lugar de debate, una plataforma de programación y de propuesta, una gama variada de vías de acceso a la cultura. La sociedad de la información es una sociedad de buscadores. La cantidad de información es inmensa, la gente necesita guías para moverse entre ella. Este proyecto es, en cierto sentido, un buscador cultural de otra naturaleza.