#17 / Mayo-Junio 2016

Michael Marder

El mundo en llamas

«El fuego, que arrojaba fugazmente luz sobre el sufrimiento humano, aceleraba y completaba la tarea de destruir a las malhadadas víctimas de la brutalidad política y económica, empujadas más allá del umbral de la desesperación.»

Permítanme que retroceda en el tiempo, aunque no mucho. El 11 de febrero de 2012, Tenzin Choedon, una monja budista de dieciocho años procedente de la región de Ngaba, en la provincia china de Sichuan, se inmoló prendiéndose fuego, al tiempo que reivindicaba el regreso del exilio del Dalai Lama y exigía libertad política para el Tíbet. Unos meses después, el 14 de julio del mismo año, Moshe Silman, un israelí que intentaba salir adelante con su exigua prestación estatal por discapacidad, y que estaba a punto de ser desahuciado de su apartamento, se prendió fuego durante una manifestación a favor de la justicia social en Tel Aviv. 20 de febrero de 2013, Varna, Bulgaria. Plamen Goranov se inmoló en medio de una oleada de protestas contra el gobierno que sacudió todo el país y que acabó forzando la dimisión del primer ministro, Boiko Borísov.

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