#26 / Noviembre-Diciembre 2017

Najat El Hachmi

Feminismo islámico, integrismo e inmigración

Fotograma de la película Persépolis © 2007 Sony Pictures Classics. Película francesa de animación basada en la novela gráfica homónima de Marjane Satrapi dirigida por Vincent Paronnaud y producida por Xavier Rigault y Marc-Antoine Robert

El llamado feminismo islámico está teniendo un éxito innegable en los últimos tiempos, calando como nunca entre la generación de jóvenes hijas de la inmigración que llegó a principios del milenio. Son personas nacidas en suelo europeo o venidas de muy pequeñas, que han tenido acceso a la escolarización y unas oportunidades que sus madres jamás hubieran siquiera soñado. Muchas de ellas han cursado estudios medios o superiores, se declaran libres en sus elecciones y defienden su ciudadanía como musulmanas oponiéndose a los estereotipos que sobre ellas pesan, rebelándose ferozmente contra la discriminación y haciéndose cada vez más activas en entornos del espacio público como las redes sociales o los medios de comunicación. Para muchas de ellas el islam no es solamente algo en lo que se cree sino algo que se es, convirtiéndose así la religión en un hecho identitario que a menudo deja en la sombra otros muchos rasgos culturales, étnicos o lingüísticos que pasan a ser secundarios. El feminismo islámico, en este sentido, viene a ser una respuesta a las necesidades de unas mujeres que quieren al mismo tiempo defender su diferencia como musulmanas y reivindicar sus derechos como mujeres. Es sorprendente esta nueva religionización de la lucha feminista, que casi siempre se ha caracterizado por trascender y oponerse a la norma divina, eminentemente misógina. Pero las que enarbolan la bandera de este feminismo con apellido religioso no solamente se oponen a la discriminación, sino que acusan al feminismo llamado «occidental» de ser una herramienta de dominación colonial.

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