#22 / Marzo-Abril 2017

El futuro ya no es lo que era. Consideraciones extemporáneas sobre la lectura digital

Antonio Monegal

© Martin Elfman, www.martinelfman.com

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Los debates sobre los medios digitales y sobre la lectura digital en particular constituyen un género literario en sí mismo, compuesto por una mezcla de descripción, diagnóstico y profecía, en el que es muy difícil no caer en el tópico y no posicionarse en el bando de los apocalípticos o de los integrados. La realidad es más compleja porque, como explicaba el propio Umberto Eco, hoy los apocalípticos no son ajenos al uso de las tecnologías que critican. La descripción es lo que más rápidamente caduca en un campo en que los avances tecnológicos se suceden a ritmo vertiginoso. Leer ahora los ensayos de los años 90 sobre hipertexto provoca la misma sonrisa condescendiente que los instrumentos mecánicos y palancas de las naves espaciales en las antiguas películas de ciencia ficción, sobre todo cuando citan ejemplos concretos que han sido superados a la velocidad con que el Correcaminos adelantaba al Coyote (para poner otro ejemplo anacrónico). Y al quedar obsoleta la descripción, la predicción difícilmente funciona. Ese futuro ha quedado atrás, como en el título de otra vieja película. Ya hemos estado allí, o estamos allí cada día, y no hay para tanto. No hay para tanto desde el punto de vista de los terribles peligros que traería consigo el cambio de paradigma tecnológico, ni hay para tanto respecto a los beneficios utópicos de esta revolución cultural. Las transformaciones han sido tremendas en el terreno de la economía, de las comunicaciones y del consumo, pero si nos ceñimos al tema de la lectura y lo que comporta, es decir, a cómo construimos sentido y cómo lo interpretamos, hay que matizar el alcance de los cambios.

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