#22 / Marzo-Abril 2017

Conversación

Ana Basualdo y Edgardo Dobry

Gerardo Pisarello

© Júlia Castells

A partir del barrio, por Ana Basualdo

Viene por Josep Maria Claret y baja por Marina, rápido, como cualquiera que a esa hora de la mañana trata de no llegar tarde al trabajo. Bordea el pilar de ladrillo rojo que contiene un macizo alto y tupido de adelfas, en un lateral de los Jardins de l’Indústria, la plaza que ocupa tres cuartos de manzana, en terrenos donde Núñez y Navarro no alcanzó a levantar sus adefesios de la era Porcioles y donde, hacia fines de los años setenta, aún se veía la ruina de unos talleres con tejado de chapa. La activísima asociación de vecinos de entonces luchó por los terrenos y sería impensable, ahora, esta zona del barrio sin ese claro arenoso en medio de dos planos inclinados (hacia dentro) de hierba y árboles (chopos, acacias, pinos, tilos) y un vértice de planos inclinados (hacia fuera) de ladrillo lustroso, que los niños usan como enorme tobogán.

Pisarello no atraviesa la plaza, a pesar de que así cortaría camino (se dirige a una cafetería en la calle Lepanto): se deja llevar por la pendiente de Marina y dobla en Industria. No tiene tiempo –está llegando minutos tarde a su cita con La Maleta– de detenerse a observar la funcionalidad exacta de la forma piramidal, en ese espacio (por donde pasa más o menos cada día) conquistado por un reverdecimiento que hubo entre los años setenta y ochenta de la sustanciosa tradición asociacionista barcelonesa. Aquel activismo también logró que no se levantaran bloques donde, por la misma época, una fábrica abandonada invitaba a la especulación y donde ahora funciona la Escola Pública Fructuós Gelabert  (adonde, por cierto, con-curren o han concurrido los hijos de Pisarello), en memoria de un pionero del cine nacido en el barrio de Gracia. Y el complejo cívico modélico La Sedeta tiene su origen en las mismas movilizaciones.

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