#23 / Mayo-Junio 2017

Anthony Burgess

Homenaje a Barcelona

Crónica de una visita de 1977

Anthony Burgess volvió a Barcelona en 1982. En la imagen, con su esposa, Liliana Burgess, en el desaparecido restaurante La estancia vieja. Foto de Carmen Sentíes

Una de las ventajas de vivir en La Condamine, en el Principado de Mónaco –a medio camino entre Monte Carlo, donde siempre ha estado el Casino, y el centro histórico de Mónaco, donde suele encontrarse la princesa Grace–, es que Europa está casi literalmente a la puerta de la casa. La estación de tren se halla a diez minutos a pie desde la colina en que se encuentra nuestro apartamento en la rue Grimaldi. Usted puede echarse en la cama de un vagón litera que lo mecerá suavemente mientras se traslada de Mónaco a Roma o a París. O puede tomar el tren de mediodía, procedente de Milán y adornado con las letras TEE (por Trans Europe Express) y llegar a Aviñón a media tarde. Luego puede coger el Talgo español que viene de Ginebra y estar en Barcelona a tiempo para una cena tempranera, lo que significa alrededor de las diez de la noche (aunque los taxistas barceloneses también estarán cenando, y la cena tempranera puede convertirse en una cena tardía).

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