¿Qué es nuevo?

La imagen mutante

Jordi Balló

Fotograma de Els tres porquets, una película de cien horas de duración de Albert Serra para Documenta 13 (2012), producida por Andergraun en 2012 y con el soporte de Pere Portabella. Una reflexión sobre la construcción de Europa, su identidad cultural y sus fundamentos a través de la adaptación literal y completa de los tres textos sobre tres personajes esenciales de la historia de Alemania: Conversaciones con Goethe, de J. P. Eckermann, Las conversaciones privadas de Hitler y Fassbinder über Fassbinder: Die ungekürzten Interviews.

Originalidad contra novedad

En el cine es nuevo lo que es una variación de un texto anterior, fundador y original. En este sentido, como arte expresivo, responde a la distinción de Steiner entre originalidad y novedad: «la originalidad es la antítesis de la novedad. La etimología de la palabra nos alerta. Nos habla de “comienzo” y de “instauración”, de una vuelta en sustancia y forma, a los inicios. Las invenciones estéticas son “arcaicas” en exacta relación con su originalidad, con su fuerza de innovación espiritual-formal. Llevan en ellas el pulso de la fuente lejana». Esta ha sido la fuerza determinante del cine como arte central en la cultura de la pantalla global: adscribirse a una tradición de manera desacomplejada, impertinente, sin pedir permiso ni hacer necesariamente visible este encadenamiento con el pasado. El cine toma el relevo de un número limitado de relatos clásicos porque responden a conflictos esenciales y a necesidades narrativas que se van encadenando, en función de su capacidad de dar respuesta a los conflictos de cada época. Los retoma y los vuelve a re-presentar: la vuelta al hogar, la fundación de una nueva patria, la llegada de un intruso, benefactor o destructor, el autoconocimiento y la culpa, el descenso órfico al infierno, son argumentos que se establecen en la historia del cine, trabajados por varios géneros, geografías y políticas de autor. Esas recreaciones de textos del pasado forman parte de su propia esencia, y por tanto no necesitan ser constantemente proclamadas, como si las películas necesitaran de un sustento cultural que pudiera avalar su voluntad instauradora. No ha sido así, en su gran mayoría, porque si el cine ha combinado el arte popular con las poéticas de autor es porque ha tenido conciencia de pertenecer a una cadena creativa que, en términos kantianos, «bebe y aprende de lo anterior».

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