#2 / Noviembre-Diciembre 2013

Relato

La memoria y el río

Ana Basualdo

El Río de la Plata, © Marcelo Brodsky, Buenos Aires, 1997.

«Va el gran río color de león»

Leopoldo Lugones

1. Podría uno no advertirla, o confundirla con alguien –¿un pescador expectante, una especie de vigía?– que permanece inmóvil, de pie, en lo que podría ser una balsa o una plataforma inundada, de espaldas a la costa, mirando el río. Reconstrucción del retrato de Pablo Míguez (1999-2009), de Claudia Fontes, es una de las esculturas emplazadas en el Parque de la Memoria, a orillas del Río de la Plata. Pero, tras una hora larga de recorrido, casi me la pierdo: tal escultura sólida, figurativa, balanceante sobre un punto fijo (el amarre es invisible) logra transitar, según la luz y las mareas y según la posición y circunstancias del visitante, de la presencia a la ausencia, de la ausencia a la presencia, cada minuto que pase, ante el río cuyos límites se confunden con el horizonte. Pablo Míguez era un chico de catorce años, cuando lo secuestraron (fue visto, durante un mes, en la ESMA), y Claudia Fontes lo eligió porque en ese momento, 12 de mayo de 1977, ella también tenía catorce años.

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