#23 / Mayo-Junio 2017

Josep Vicent Boira

La política como batalla de ideas

Reflexiones de un europeo sobre el discurso de despedida de Obama

«Alojado en una amplia casa independiente, con porche y cortacésped, en los alrededores de una pequeña ciudad universitaria del Medio Oeste, recomiendo a cualquiera que quiera conocer el alma americana que elija si puede pasar el verano fuera de una gran urbe. […] Empecé a comprender algo de su manera de vivir cuando salí por vez primera de la piscina municipal. No había reparado en ello, pero una tarde, finalizado el baño[…], salí del recinto para volver a casa. Justo en la puerta, un suave y sedoso siseo me movió a elevar mi mirada hacia el punto de donde intuía venía aquel susurro. Una gran bandera americana se mecía al cálido vientecillo de la tarde y, como en una película, la luz del sol poniente atravesaba las franjas blanquirrojas y se colaba, a veces, por el vacío de alguna estrella sobre el azul del cuadrado superior izquierdo. En ese momento, entendí qué significa la bandera para un norteamericano. Significa exactamente esa piscina en verano, a la que tienen acceso todos hoy –no ayer, es cierto–.»

La invención más trascendental de la humanidad es la frase. Han existido grandes civilizaciones ignorantes del concepto de la rueda, pero poseían la frase, pues sin ella no habrían sido ni grandes ni civilizadas. Con frases pensamos, especulamos, calculamos, imaginamos. Con frases declaramos nuestro amor, declaramos la guerra, prestamos juramento. Con frases afirmamos nuestro ser. Nuestras leyes están escritas con frases. No es desatinado afirmar que con frases está escrito nuestro mundo.

John Banville, Discurso en el acto de recogida del
Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2014.

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