#27 / Enero-Febrero 2018

Cataluña. Una crisis europea

La tormenta perfecta

Hipótesis sobre la radicalización del catalanismo político, 2010-2017

Xosé Manoel Núñez Seixas

Pasqual Maragall, Jordi Pujol, José Montilla, Ernest Benach, Heribert Barrera y Joan Rigol durante la manifestación Som una nació. Nosaltres decidim, Paseo de Gracia, Barcelona, 10 de julio de 2010 © Pere Virgili

I

La Gran Depresión económica iniciada a escala mundial en 2007, que dejó sentir sus efectos en España de forma especialmente acusada a partir del año siguiente, ha tenido profundos efectos sociopolíticos que han hecho tambalearse los cimientos del sistema político-institucional diseñados por la Constitución de 1978 y ha puesto en funcionamiento varios de los defectos estructurales de funcionamiento de la democracia española. Entre esos efectos se han contado la emergencia de una fractura social y generacional, el acusado declive de la legitimidad de varias instituciones y la falta de confianza de los ciudadanos en las élites políticas ante la sucesión de escándalos de corrupción. Pero la Gran Depresión también se ha visto acompañada de la agudización de la fractura territorial y ha puesto de manifiesto que la solución diseñada en 1978, un Estado fuertemente descentralizado con algunas dosis de asimetría pero carente de mecanismos de funcionamiento auténticamente federales, quizá ha llegado a su fin o, cuando menos, precisaría de un severo reajuste que debería también conllevar una discusión del sujeto de soberanía y, por tanto, a la propia concepción nacional del Estado.

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