#29 / Mayo-Junio 2018

El nuevo paradigma del feminismo

Me too y el iceberg del acoso sexual

Inés Campillo

«2017SPA» es la primera pieza de la instalación Feminicidios, de la fotógrafa y documentalista Laia Abril. Representa a las mujeres víctimas del genocidio femenino en España en 2017. Cada pieza se centrará en un año, un país y un número de mujeres víctimas de la violencia de género. La obra se ha presentado en Homesession, un espacio de exposición y residencia de artistas creado en Barcelona en 2007 por Olivier Collet y Jérôme Lefaure. © Laia Abril

principios de octubre del año pasado The New York Times y The New Yorker sacan a la luz una historia de abusos y agresiones sexuales reiteradas a mujeres de la industria del cine por parte de Harvey Weinstein, poderoso productor de Hollywood. Estas noticias provocan que más denuncias de otras mujeres salgan a la luz. A mediados de octubre la actriz Alyssa Milano propone en Twitter: «Si todas las mujeres que han sido acosadas o agredidas sexualmente escribieran “Me too” (“Yo también”) en su estatus, podríamos hacerle entender a la gente la magnitud del problema». A la mañana siguiente se encuentra con 55.000 respuestas y con que #MeToo es el hashtag más popular: doce millones de publicaciones en tan sólo veinticuatro horas. El hashtag se extiende e internacionaliza en las semanas siguientes. Surgen colectivos y grupos de asesoramiento, apoyo mutuo y presión; las acusaciones de acosos y agresiones sexuales se multiplican en diversos entornos profesionales, especialmente en la industria del cine, en la música, las artes, la academia y la política. Tanto es así que la revista Time nombra persona del año 2017 a las silence breakers («las que rompieron el silencio»).

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