#8 / Noviembre-diciembre 2014

Josep Maria Martí Font

“Muti” Merkel, una mujer del Este

Sobre su mesa, Angela Merkel tiene un retrato de Catalina la Grande de Rusia, hija del príncipe de Anhalt-Zerbst, un general prusiano. Fue Federico el Grande quien maniobró para casar a aquella princesa menor con el futuro zar Pedro III. Quería fortalecer la amistad entre Prusia y Rusia y debilitar la influencia austríaca en la corte de San Petersburgo. La zarina entendió rápidamente cómo funcionaba. Tanto que derrocó a su propio marido, asesinado después por los conspiradores. Abjuró de la fe protestante y se convirtió a la ortodoxa. Bajo su reinado, Rusia se anexionó Crimea, Ucrania, Bielorrusia, Lituania y participó en la partición de Polonia. Algunos medios alemanes ya llaman «grande» a Merkel. Aparentemente aquí se acaban las coincidencias. Entre otras cosas, la sobria cotidianeidad de la canciller alemana dista mucho de parecerse a la exuberante vida sexual con que la zarina ha pasado a la historia. Pero, como ella, Merkel es una alemana del Este.

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