#3 / Enero-Febrero 2014

Michael Marder

Por una filosofía de las plantas

Viña virgen (Parthenocissus quinquefolia), 2012. Serie Tierras cavadas © Pep Escoda

En dos palabras, quería poner en cuestión el sentido de la expresión «el mundo vegetal». Creo que hay buenas razones tanto ontológicas como éticas para entender esta expresión en su amplio sentido hermenéutico-existencial. 

Lo importante aquí es que las plantas son, a su modo, capaces de acceder, de influir y de ser influidas por un mundo que no se solapa bien con el mundo de la vida (Lebenswelt) del ser humano, sino que es el propio modo vegetal de habitar sobre la tierra. Hablando rigurosamente, Heidegger tiene razón cuando insinúa que las plantas, al igual que los otros seres no humanos, no tienen un mundo; pero este no tener o esta no posesividad significa sólo que el modo en que se relacionan los seres vegetales con su entorno es distinto al nuestro. Cuando los seres humanos se encuentran con las plantas, dos o más mundos se cruzan.

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