#25 / Septiembre-Octubre 2017

Emmanuel Alloa

Posverdad, Trump y Nietzsche. En defensa del perspectivismo

Fotograma de la serie de televisión Fargo (2014), basada en la película homónima de los hermanos Coen (1996). «Como el film de culto de los hermanos Coen, la serie, cuya primera temporada empezó a emitirse en 2014, muestra el aviso “Ésta es una historia real”. Antes de que la antología del crimen empiece, con el paisaje de fondo de un Medio Oeste invernal nevado y desértico, leemos las siguientes palabras: “Los acontecimientos mostrados en esta serie tuvieron lugar en Minnesota en 1987. Por respeto a los vivos se han cambiado los nombres de los protagonistas; por respeto a los muertos se ha contado todo tal y como ocurrió”.»

Ésta es una historia real…

La aclamada serie de televisión Fargo empieza exactamente como la película del mismo nombre de 1996. Y como el film de culto de los hermanos Coen, la serie, cuya primera temporada empezó a emitirse en 2014, muestra el aviso «Ésta es una historia real». Antes de que la antología del crimen empiece, con el paisaje de fondo de un Medio Oeste invernal nevado y desértico, leemos las siguientes palabras: «Los acontecimientos mostrados en esta serie tuvieron lugar en Minnesota en 1987. Por respeto a los vivos se han cambiado los nombres de los protagonistas; por respeto a los muertos se ha contado todo tal y como ocurrió». Mucha del aura que rodea Fargo tiene que ver con esta sensación de autenticidad y con la reconstrucción gradual de los macabros acontecimientos ambientados en el paisaje claustrofóbicamente vacío de los Upper Plains. Al mismo tiempo, de forma implícita se requiere del espectador una actitud casi religiosa, de reverencia y rememoración, por «respeto a los muertos».

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