#26 / Noviembre-Diciembre 2017

¿Qué es el progreso hoy?

Progresar en democracia

Josep Maria Vallés

© David de las Heras, www.daviddelasheras.net

Malos tiempos para la idea de progreso en el mundo político. Para algunos, la etiqueta «progresista» se presenta como cosa del pasado. Me cuentan que a la pregunta de «qué es un progre», la respuesta espontánea de un adolescente fue: «una persona mayor». La asociación es significativa: el término ya no evoca el futuro, sino el pasado. Quizá esta pérdida de cotización –y no sólo entre los escolares– se deba a las agitadas condiciones que han rodeado el arranque del siglo XXI. Son condiciones poco favorables para creer en el progreso social y político. Se han sucedido episodios que contrarrestan avances conseguidos desde finales de la Segunda Guerra Mundial. A la vez, se han formulado vaticinios poco esperanzadores sobre lo que nos aguarda. «The period from 1990 to 2025/2050 will most likely be short on peace, short on stability and short on legitimacy», afirmaba ya Immanuel Wallerstein en 1994. La predicción no ha resultado errónea. Por el contrario, se ha convertido en una sintética descripción del estado actual de nuestro mundo. Se ha visto ratificada por la sucesión de enormes trastornos que gran parte del planeta ha conocido en las dos últimas décadas: en conflictividad internacional, en inseguridad doméstica, en inestabilidad del sistema económico-financiero global, en aumento de las desigualdades, en deterioro medioambiental o en degradación democrática de las instituciones. 

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