#23 / Mayo-Junio 2017

Editorial

Reinventar el progreso

Josep Ramoneda

Después del triunfo del oro y la insolencia en las elecciones americanas (sobre el que escriben Santiago Zabala, Roger Bartra y Josep Vicent Boira), que ha roto la armonía y las apariencias de los sistemas de gobernanza occidentales, es más necesario que nunca jerarquizar de modo adecuado los problemas que han de afrontar nuestras sociedades para salir del estéril conflicto entre el inmovilismo de los que han optado por el discurso de la inevitabilidad y del no hay alternativa («un coma intelectual inducido», en palabras de Timothy Snyder) y los que avanzan hacia la construcción del autoritarismo posdemocrático de base patriótica como plan B del sistema, o dicho de otro modo, entre unas élites políticas agotadas incapaces de generar proyectos políticos que abran expectativas de futuro y unos actores surgidos de ellas que, al modo de Trump o de Le Pen, se presentan como antisistema cuando son exponentes genuinos del sistema. Y sólo pretenden explotar la ira para consolidar la servidumbre.

En este contexto, si se quiere reconstruir una idea renovada de progreso hay que afrontar algunas cuestiones básicas en las que se dirimirán las perspectivas de emancipación ciudadana y la posibilidad de un futuro más equitativo y que, por supuesto, no tienen sitio en las agendas de las derechas radicales. En este número tratamos algunas de ellas: la educación, el trabajo, el cambio climático o la secesión de los ricos. Santiago Zabala ha preparado el dossier «Educar en un mundo cambiante» sobre la idea de que nada hay más determinante en la formación que «la relación entre maestros y alumnos» y que ésta «no puede ser neutralizada a través de criterios que corresponden a la lógica de la obediencia pasiva y el mercado de trabajo». Como dice Marina Subirats, «hay que priorizar el objetivo del ser, especialmente en las edades tempranas, para poder emprender posteriormente los de conocer y hacer». Las reflexiones de Simon Critchley, Judith Butler y Gianni Vattimo reafirman los riesgos, manifiestos en la formación a través de las redes, de abandonar la interacción y el diálogo entre profesores y estudiantes sin el cual «no hay transmisión profunda del conocimiento y la educación se convierte en un lugar más para el consumo», en palabras del propio Zabala.

Patrícia Vieira afronta al acuciante debate sobre el trabajo, cuando se vive en la amenaza de que se convierta en un bien escaso, desde la perspectiva del vivir sin trabajar. ¿Hay lugar para una sociedad de ocio y juego? Narcís Prat nos advierte sobre «los riesgos de estar jugando a la ruleta rusa con el cambio climático» en un momento en que los negacionistas han alcanzado el poder en Estados Unidos y la creencia nihilista de que no hay límites cunde en muchos sectores poderosos. Y Esteban Hernández relata cómo ciertas élites económicas se desentienden del destino común, creando una red de espacios de uso exclusivo al margen de la sociedad.

Dos relatos enmarcan este número de La Maleta de Portbou que empieza con Anthony Burgess y acaba con Henar Lanza. En el centenario del nacimiento del escritor inglés, publicamos su testimonio de una visita a Barcelona hace cuarenta años, un reportaje que escribió para The New York Times. «Llamémosla el París del Mediterráneo», dice, generoso, «y no estaremos muy equivocados. No está enredada en España y más bien es libre para reinar sobre la variada cultura mediterránea de la cual proviene gran parte de la nuestra al fin y al cabo.» Cierra Henar Lanza, que narra una experiencia demasiado usual: la huida de jóvenes españoles para encontrar fuera el trabajo que aquí se les niega. En este caso, nada menos que de profesora de filosofía en Barranquilla: «Un día el cajero me espetó: “y usted, con ese acento, de dónde es?”. Yo le contesté que española y él remató: “ah, de los que vinieron”».