#26 / Noviembre-Diciembre 2017

Lutero y la Europa contemporánea

Religión y capitalismo

Lutero y el contraste Norte-Sur en la Europa del siglo XXI

Xavier Torres

Estatuas de plástico de Martín Lutero en la plaza mayor de Wittenberg, Alemania, 2010, parte de la instalación Martin Luther – I’m standing here del artista alemán Ottmar Hörl (foto: Deutscher Bundestag)

Siempre que se habla de Lutero, el reformador religioso del siglo XVI, asoma tarde o temprano la figura de Max Weber, el influyente sociólogo germano de principios del siglo XX. La razón no es otra que un célebre ensayo de este último, intitulado La ética protestante y el espíritu del capitalismo, sobre los nexos entre religión y capitalismo. O más exactamente aún, entre el protestantismo y el desarrollo capitalista. Se trata, sin duda, de uno de los textos más conocidos de la sociología contemporánea, pero también de los más manoseados. Y ello hasta el punto de que en los recientes debates de la Unión Europea sobre las políticas de austeridad presupuestaria hubo observadores (meridionales) que no tuvieron empacho en señalar que la primera ministra de Alemania, Angela Merkel, era hija de un pastor protestante, como si ello fuera una razón suficiente para explicar su empecinamiento en aquellas directrices económicas. No fue el único desliz. En fechas más cercanas, un alto funcionario europeo de nacionalidad holandesa fue aún más allá y en una entrevista periodística nada casual dijo en voz alta lo que muchos políticos de la Europa septentrional llevaban pensando desde hacía tiempo, es decir, que en el sur de la comunidad europea la gente era propensa a derrochar el dinero (de todos) en vino y mujeres. Anteriormente ya se había pergeñado el más bien poco elegante acrónimo o anglicismo de «PIGS» para designar a los (perezosos) países meridionales y sugerir de paso la necesidad de una Europa de «dos velocidades»: la del Norte y la del Sur, en suma.

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