#25 / Septiembre-Octubre 2017

La Revolución de 1917

¿Sirvió para algo la Revolución Rusa?

José María Faraldo

Obra de Eijkelboom (Arnhem, Holanda, 1949). De Drie Communisten (Los tres comunistas, 1973). Fotografía en blanco y negro, 58 × 120 cm. Fotografía de la obra © Liz Evebra, reproducida por cortesía de la feria de arte Documenta 14, celebrada en Atenas (8/04-16/07/17) y Kassel (10/06-17/09/17)

Pese a su indudable importancia, la «Revolución Rusa» –así, con mayúsculas– no es el acontecimiento esencial del siglo XX. Aquellos estallidos revolucionarios sucesivos en el amplio espacio entre Europa y Asia no cambiaron por completo y para siempre la historia de la humanidad. Tampoco fueron el origen de las muchas transformaciones positivas del progreso social y económico del siglo –aunque algunas tuvieron lugar también en los regímenes que surgieron de ella–. Los bolcheviques no introdujeron el Estado del bienestar: lo hicieron, entre otros, el canciller reaccionario Bismarck en Alemania, presionado por la socialdemocracia mejor organizada de Europa, pero también el socialista Léon Blum en Francia, ganando unas elecciones. No fue tampoco la amenaza de su modelo estatalista el que impulsó los años dorados en las democracias occidentales que comenzaron tras 1945, como a veces se dice, de forma bastante insolente: de la necesidad de introducir reformas sociales tras la guerra estaban convencidas absolutamente todas las fuerzas políticas del gran bloque antifascista que terminó con Hitler.

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