#22 / Marzo-Abril 2017

Editorial

Trump y las corrientes de fondo

Josep Ramoneda

Donald Trump representa, por lo menos, cinco cosas: una nueva forma de democracia directa digital basada en el tweet como viralizador de las mentiras hasta convertirlas en falsas verdades (hechos alternativos); la ruptura de un sistema político fundado en la separación de lo privado y lo público: con Trump un grupo de supermillonarios se hace con el poder desplazando a los empleados (políticos y expertos) y confirmando la sospecha que ha venido restando legitimidad a la política: son los ricos los que mandan; la culminación del período nihilista (todo es posible) que se abrió después de la victoria de Occidente en la guerra fría, construido sobre la utopía de que no hay límites para la economía, que debe prevalecer sobre el Estado; la llegada a la Casa Blanca de un hombre de poder que no conoce los límites del poder ni quiere conocerlos. Desde el libro de Job sabemos que lo que caracteriza al poder es la arbitrariedad. Las instituciones democráticas tienen precisamente la función de poner límites e impedir la arbitrariedad. Pero Trump no sabe de ello, está decidido a cambiar los protocolos de las instituciones para adaptarlos a la estricta voluntad del que manda. En fin, ante la crisis de los sistemas bipartidistas de posguerra, Trump es el plan B del sistema económico, el salto directo hacia el autoritarismo posdemocrático como vía de encuadre del malestar ciudadano.

En este sentido, Trump es una consecuencia de las fracturas y mutaciones que las sociedades han sufrido como consecuencia de un cambio tecnológico y de una globalización acelerada que ha hecho temblar la tierra sólida de los referentes culturales, políticos y morales de Europa y Estados Unidos, cambiando sus paradigmas. En este número de La Maleta visitamos algunos de estos cambios. El dossier sobre la lectura en la era digital nos interroga sobre hasta qué punto esta nueva manera de leer alterará «nuestras características distintivas: prejuicio, intimidad, y existencia», como escribe Santiago Zabala. Es decir, si no se mutará hacia otra cultura. A partir de la figura de Jeff Koons, László Földény nos invita reflexionar sobre los nuevos fundamentos de un arte cada vez más transparente: «cuanto más brilla y reluce algo, tanto más valor posee, tanto más respeto merece, tanto más popular es». José Luis Moreno Pestaña plantea el uso del cuerpo como fetiche discursivo, es decir, la evolución del capital erótico. Albert Chillón nos advierte de la pujanza del totalismo, que a partir del universo cibermediático «está logrando la homogeneización de la diversísima experiencia humana». Finalmente, Ann Pettifor habla de la reacción ciudadana ante la hegemonía del poder financiero.

Sin duda, el escenario privilegiado de los cambios sociales es la ciudad. El número dos del Ayuntamiento de Barcelona, Gerardo Pisarello habla del derecho a la ciudad a partir de su experiencia política y Roc Blackblock de la nueva pintura en los muros de la misma. Lo práctico y lo simbólico en el proceso de paulatina recomposición de los lugares de la experiencia.

Doy la última palabra a Slavoj Žižek: «La victoria de Trump es una oportunidad para la izquierda norteamericana, que demasiado rápido desechó a Bernie Sanders». Y, añadiría, para Europa, si es capaz de hacerse respetar y no apostar por el apaciguamiento y la claudicación.