#25 / Septiembre-Octubre 2017

Walter Benjamin, las crisis y la tala de árboles

Lluís Montull

© Martin Elfman

Vivimos tiempos confusos de crisis reincidentes como la económica y la terrorista. Ante ellas, los regímenes democráticos occidentales han reaccionado de forma poco coherente y, a menudo, altamente controvertida; de manera que, cuando estas crisis daban signos de aminorar, sólo la imaginación apologética de los medios más afines se ha atrevido a afirmar que era gracias a, y no a pesar de, las decisiones de sus dirigentes. Pero ¿cuál ha sido la respuesta de pensadores y científicos sociales? Si hablamos sobre todo de terrorismo, en este ámbito teórico, sí ha existido una cierta aquiescencia en torno a la tesis que defendía Habermas en el temprano ensayo sobre la cuestión de Giovanna Borradori La filosofía en una época del terror. Diálogos con Habermas y Jacques Derrida (2003), escrito a raíz del atentado del 11 de septiembre de 2001 contra el World Trade Center. En él, Habermas reducía la violencia yihadista a una mera reacción antimoderna que nos debería servir para introducir las bases deliberativas y jurídicas de una democracia cosmopolita con la que culminar la modernidad interrumpida. Algunos sí han reconocido, como el mismo Derrida, el también interlocutor de Borradori, cierta relación consustancial entre crisis y modernidad; pero para llegar a la misma consideración de estas crisis como una oportunidad para erigir un nuevo orden global más democrático. Son las líneas de comprensión y de acción que, desde diferentes posicionamientos y ámbitos, han sostenido autores como David Held, Ignacio Ramonet, Zygmunt Bauman o Ulrich Beck.

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