#29 / Mayo-Junio 2018

El nuevo paradigma del feminismo

We too. Los hombres contra la desigualdad sexualizada

Octavio Salazar

No soy sólo un cuerpo, de Yolanda Domínguez. Acción realizada en Florida, Estados Unidos, en 2014 en la que varias mujeres caminan por la orilla de la playa exhibiendo el eslogan I’m not just a body como si fueran avionetas de publicidad aérea. © Yolanda Domínguez

La galantería es, al mismo tiempo, un paliativo y un disfraz
de la injusticia inherente a la posición social de la mujer.

Kate Millet,
Política Sexual

Afinales del pasado mes de enero, el director de cine Michel Hazanavicius y el periodista Raphaël Glucksmann publicaron una carta abierta en Le Nouveau Magazin littéraire mediante la que hacían un llamamiento a los hombres para que nos comprometiéramos en la lucha contra el acoso hacia las mujeres. Convirtiendo el ya célebre me too en we too, la carta insistía en que no se trata de una batalla de las mujeres contra los hombres, sino de un combate común contra las injusticias sufridas por ellas, y en el que justo ahora nos tocaba a los hombres tomar la palabra. El valor de esta apelación a nuestro compromiso reside en que, más allá del papel que podemos desempeñar en la ebullición presente en torno al acoso sexual, pone el dedo en una de las llagas esenciales del orden patriarcal. Este, que no es otra cosa que una férrea estructura de poder, se ha mantenido a lo largo de la historia gracias al juego de un doble y perverso silencio. De una parte, el de las mujeres a las que se les negó la voz y la participación, el reconocimiento como sujetos equivalentes, la capacidad de autodeterminación así como el ejercicio del poder y la autoridad. De ahí el ideal femenino vinculado a la sumisión, a la prudencia y al recato. Algo en lo que insistieron desde los padres de la lglesia hasta los más célebres poetas románticos, pasando por todos los filósofos misóginos del siglo XIX. De otra, el de los hombres en cuanto a nuestra posición privilegiada y al ejercicio de todo tipo de violencias que nos han servido para mantenernos en el poder y mediante las que hemos prorrogado la subordinación de la mitad femenina. Un silencio que es el que nos hace a todos, sin excepción, cómplices de la prórroga de un sistema de poder ya que no sólo hemos reproducido, en algún caso sin ser conscientes, comportamientos y actitudes machistas, sino también porque en muchas ocasiones hemos callado ante las opresiones de nuestras compañeras. Es decir, nos hemos convertido en cómplices por omisión de las múltiples injusticias que han sufrido y sufren las mujeres.

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