#10 / Marzo-Abril 2015

Editorial

Aceptar el desafío del cambio

Josep Ramoneda

Podemos representa dos atrevimientos: dar transformación política a los movimientos sociales que emergieron de la crisis y de la ruptura del totalitarismo de la indiferencia y desafiar al modelo de gobernanza que llamamos democracia bipartidista, anunciando que «vamos a ganar». Con estos dos osados pasos, Podemos se ha hecho con la bandera del cambio, en un momento en que la necesidad de que las cosas se hagan de otra manera se siente como una fatalidad ineludible aunque, al mismo tiempo, una ciudadanía forjada en las frustraciones lo contempla con el escepticismo del que está harto de contabilizar derrotas.

Pasar de los márgenes del sistema político a dar la batalla para hacerse con el poder institucional. Ésta es la novedad que no entraba en las previsiones ni de los que mandan ni de la inmensa mayoría de los que expresan su descontento. La democracia representativa de carácter bipartidista parte del principio de que son muy pocos los homologados para gobernar, principalmente dos, pudorosamente denominados como centro-derecha y centro-izquierda, que los demás forman parte del decorado y que los movimientos que emiten enmiendas a la totalidad nunca llamarían a la puerta de entrada de los salones del poder. De modo que cada vez son más los ciudadanos que se sienten excluidos del sistema de representación. Podemos se les está metiendo dentro. Rompiendo un tabú para las dos partes. Los que mandan sienten la amenaza de los extraños y los que reivindican nuevas formas de relación y de vida desconfían de lo que pueda ocurrir una vez conquisten los territorios del poder institucional.

Y, sin embargo, más importante que Podemos es la realidad de la que este fenómeno es indiciario: las fracturas abiertas en el precario equilibrio de convivencia entre capitalismo y democracia, entre la apoteosis de la desigualdad y el principio de igual dignidad de las personas. En toda Europa, no sólo en España, la democracia parece amenazada por la quiebra de confianza en las instituciones y en los que las gobiernan, por la impotencia de la política a la hora de poner límites a los excesos del poder económico, por la desnaturalización que sufre la democracia cuando los gobernantes están más atentos a los mercados que les financian que a los ciudadanos que, alejados del debate político, sólo votan cada cuatro años. Algo falla en un modelo que deja sin empleo a la mitad de los jóvenes o que amplía la brecha de la desigualdad y de la marginación hasta límites insoportables. Por eso, la idea del cambio –es decir, de una real redistribución de poder– se impone. Hoy, en España, lo representan, con objetivos distintos, el independentismo y Podemos. Por eso ofrecemos tres retratos del fenómeno que ha aupado a Pablo Iglesias y a su gente, a cargo de José Luis Pardo, Santiago Alba Rico y Ana Basualdo.

El impacto de los atentados terroristas de París ha provocado un cierto regreso a los fundamentos de la cultura republicana. Y una vez más la palabra educación aparece en el centro del debate. Hemos querido reflexionar sobre las tres Es con las que se escribe la inquietud: Educación, Europa y Emancipación. Los tres ejes del verdadero cambio, vistos por Ester Pino Estivill, Marina Garcés, Maria-Alice Médioni y Toni Ramoneda. El 70 aniversario de la Segunda Guerra Mundial es una ocasión para ir a las raíces de esta reflexión. Es lo que buscamos con la relectura de sus mitos por parte de Keith Lowe, la apuesta por un nuevo marco de relación y convivencia para la Europa surgida de la caída del Muro de Berlín que propone Wolf Lepenies, y la aportación de Eva Illouz al debate sobre la cuestión judía. Europa se mueve. Y hay que aceptar el desafío del cambio si se quiere evitar la deriva hacia el autoritarismo posdemocrático.