#19 / Septiembre-Octubre 2016

Manfred Frank

Acerca de la emigración de la filosofía continental

© Alexis Bukowski, www.alexisbukowski.com

Un fantasma recorre los departamentos de Filosofía de las universidades alemanas: el fantasma de la victoria universal de la filosofía analítica y del éxodo masivo de la derrotada y así llamada filosofía continental. Existe el temor de que ésta se vaya. Y ¿adónde? Sobre todo, a otros continentes, como Asia oriental, Australia, Brasil o, justamente, los Estados Unidos de América, desde los que se asestó el golpe decisivo a la tradición de la filosofía europea continental. Quien hoy en día quiera estudiar el idealismo alemán (la filosofía alemana especulativa que enlaza directamente con Kant), sello distintivo del pensamiento germanófono, encontrará poco atractivo en la oferta docente de las universidades de lengua alemana, y menos en sus planes de estudio. Es más, el estudiante se planteará si no será mejor satisfacer su interés en Sídney, Notre Dame, Georgetown o Chicago. Son en particular las universidades de los Estados Unidos las que tienen una larga tradición de acogida de hombres y mujeres filósofos alemanes que se sintieron incómodos en el clima político-intelectual de su patria o fueron lisa y llanamente perseguidos. Pero el tipo de emigrante, o digamos el personal que emigra, ha cambiado de forma extraña: antes, en los tiempos cada vez más tenebrosos de tres imperios germanos, eran los representantes de la filosofía «racional», apegada a moldes científicos, orientada a la lógica y la analítica del lenguaje y a menudo socialista, quienes pujaban por abandonar el área de la lengua alemana. Es decir, aquella filosofía que, en atención a sus padres fundadores (Frege, Russell, Carnap y Wittgenstein), se denomina «filosofía analítica». Sin la aportación germanófona, la filosofía analítica actual no habría devenido en lo que es. Uno de sus máximos exponentes, Michael Dummett, lo recordó hace no mucho tiempo. Adjudicar sin más esta exportación germano-austríaca a la filosofía «anglosajona» equivale a mandar al exilio por segunda vez a aquellos filósofos emigrados y a sus sucesores/as.

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