#55 / Noviembre-Diciembre 2022

Entrevista

Adan Kovacsics

«En ningún momento olvido lo que significa ser un extranjero.»

Adan Kovacsics y Pilar Gómez Rodríguez

© Markus J. Feger

Adan Kovacsics (Chile, 1953) llegó a la traducción de la mano de su abuela. Literalmente de la mano porque esta se lo llevaba al mercado recién llegada a Chile en 1956, procedente de la Hungría que abandonó tras la revolución. Hacía ocho años que habían dejado ese país los padres de, por aquel entonces, un niño llamado Adan que hablaba en húngaro con ellos, con su hermana en castellano y ejercía de traductor con su abuela. Quizá todo aquello infundió un halo de respeto, de dignidad al manejo de las palabras: las palabras eran poderosas, se transformaban en cosas y había que tener cuidado con aquello en que se transformaban. Las palabras eran o podrían ser supervivencia y esto resultó válido tanto para el plano material como para el que no lo era. En la adolescencia el alemán hizo su aparición estelar en la vida de Kovacsics. En Viena estudió, se formó… A España llegó en los ochenta y allí despegó su lengua literaria en las dos vertientes, la que traduce y la que crea. En esta entrevista que llega en el año de su más reciente galardón (el premio Straelen 2022 ya hace compañía al Nacional a la Obra de un Traductor que le concedió en 2010 el Ministerio de Cultura de España y a tantos otros) habla de ambas facetas y de su relación con los autores, del significado o existencia de Europa, de la idea de Europa, de la importancia del silencio y, por supuesto, de guerra y lenguaje, el título que lleva uno de sus ensayos más destacados. Por desgracia, este libro no deja de estar de actualidad. Por suerte, lo comentamos con él.

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