#13 / Septiembre-Octubre 2015

Clásicos

Andrés Bello

Jorge Edwards

Andrés Bello (Caracas, 29 de noviembre de 1781 – Santiago, 15 de octubre de 1865)

«La enseñanza de Bello de proceder con cuidado, sin prisa,
con preferencia por una actitud “cuidadosa y gradualista
en el campo político” provocó en su tiempo
y provoca to
davía el desprecio de numerosos
termocéfalos indocumentados.»

Nuestro contemporáneo

En mi tiempo, en los años de la todavía no bautizada generación del cincuenta, Andrés Bello era un perfecto desconocido, a pesar de que nos reuníamos a la sombra de sus estatuas, de que estudiábamos de memoria artículos legales que él había redactado, de que llegábamos a instituciones, a cátedras, a paseos públicos que llevaban su nombre. Joaquín Edwards Bello solía mencionar en sus crónicas de los días jueves a su «bisabuelo de piedra», y sabíamos un poco más de Joaquín que del bisabuelo, aunque no demasiado. Nuestros ídolos, los que formaban parte de la revolución idolatrada, eran otros: Jean-Paul Sartre, William Faulkner, Rainer María Rilke, César Vallejo.

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