#45 / Marzo-Abril 2021

Jaume Casals

Breve memoria sobre el futuro de la universidad

Flor de medusa, acuarela y tinta china sobre papel. © Esperança Rabat, 2019

Redacto estas páginas sin otra idea que la explicación de lo que en este momento me parece decisivo para el futuro de la universidad: el reconocimiento más radical, más profundo posible, de la distancia entre sus dos misiones, que son el desarrollo del conocimiento y la educación. La objeción inmediata a mi propuesta es que el desarrollo del conocimiento y la educación se pertenecen mutuamente. Y desde luego estoy de acuerdo con ello, pero no con el hecho de que esta pertenencia mutua sea una objeción a la necesidad del reconocimiento de tal distancia, es decir, de la diferencia de naturaleza entre la ciencia y la cultura general o educación que propugno. Pienso que medir correctamente las distancias para, precisamente, poder dar el salto de una a otra con toda la seguridad y la familiaridad que les conviene es un gran objetivo hoy en día ignorado en nuestro entorno local. Y que la aparentemente noble decisión de la colegialidad, confundiendo el respeto y la camaradería con la falacia de que las dos misiones de la universidad no son más que una sola, no ha sido suficientemente debatida, ni siquiera considerada polémica. Estamos instalados en efecto sobre esta falacia que equipara el progreso del saber a los fundamentos de la cultura, y ya casi nadie la discute. Mi tesis es que la pertenencia mutua no produce elementos de igualdad, sino que más bien acentúa la diferencia, y que la diferencia que permite distinguir un papel especial de la cultura en la vida universitaria es condición del nivel, del destaque de la ciencia que se produzca en ella. Aunque este papel, claro está, no sólo se reduzca a cumplir con dicha condición.

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