#34 / Marzo - Abril

Editorial

Buscando salida al laberinto

Josep Ramoneda

«Cataluña, una crisis europea»: a principios del año pasado, bajo este título, el número 27 de esta revista analizaba el conflicto catalán, enmarcándolo en la crisis de gobernanza de las democracias europeas. Con la renovación de la mayoría independentista en las elecciones del 21-D, celebradas con la Generalitat bajo control del Gobierno español, se cerraba un ciclo de cuatro meses críticos que empezó en el Parlamento catalán con las leyes de transición (el 6 y 7 de septiembre) y que tuvo su momento culminante en el referéndum del 1 de octubre, al que siguió el discurso del Rey, la huelga general, el falso ritual de proclamación de la independencia y la aplicación del artículo 155, que destituyó al Gobierno catalán y acabó con los principales dirigentes independentistas en la cárcel o en el extranjero.

En aquella ocasión, la reflexión giraba en torno a los orígenes, las causas y el análisis del gran salto que había llevado al independentismo a niveles jamás alcanzados, en el marco del malestar europeo de unas clases medias y populares que veían desvanecerse sus expectativas de futuro. Desde entonces se ha entrado en una fase de estancamiento sin signos de evolución significativa. Poco a poco el independentismo va tomando conciencia de los límites de sus fuerzas. La declaración unilateral de independencia está fuera de su alcance en la medida en que carece de una mayoría social suficiente, de capacidad insurreccional, de apoyo de las potencias internacionales y de la complicidad de las élites económicas locales. Pero a su vez, y pese al griterío de una extrema derecha radicalizada y las amenazas de los que hacen bandera del artículo 155 perpetuo, las instituciones estatales no pueden pretender excluir a más de dos millones de catalanes de la vida política sin lesionar gravemente el régimen democrático.

Así las cosas, el debate ahora se traslada a otra dimensión: cómo salir del estancamiento, combatir el pesimismo, apelar a la razón y buscar vías que, cuando termine el juicio en curso en el Tribunal Supremo, permitan avanzar hacia soluciones políticas, sin que nadie tenga que renunciar a su programa. Con este objetivo durante dos tardes de noviembre reunimos a nueve especialistas en la Escola Europea d’ Humanitats del Palau Macaya, para reflexionar sobre qué nos ha pasado, con voluntad de mirar al futuro. Y de esta conversación surgieron los nueve artículos del dossier que publicamos: desde posiciones y perspectivas diversas, los autores buscan un diagnóstico que abra puertas al entendimiento, describen las dinámicas de los nacionalismos en conflicto y exploran posibles salidas del laberinto.

No porque sea habitual deja de ser chocante la dificultad de entender la complejidad entre las partes. Y lo que es más paradójico todavía es que el retrato de brocha gorda que el españolismo hace del independentismo como un movimiento reaccionario, de unas clases medias que se resisten a asumir el mundo que viene, aferradas a su pequeño universo, engañadas por los mezquinos intereses de una burguesía local, sea a menudo simétrico del que el independentismo ofrece de sí mismo convirtiendo a la unidad en un mito que no hace más que ocultar uno de sus principales activos: su carácter transversal. Si los adversarios del soberanismo asumieran la diversidad del mismo, con una gama ideológica que va desde el neoliberalismo radical hasta el anticapitalismo de la CUP, pasando por todas las gamas del conservadurismo, del liberalismo, de la socialdemocracia y de la izquierda, quizá sería más fácil entenderse. Si el conflicto no sale de la lógica amigo/enemigo quedaremos indefinidamente atrapados en el fango.