#17 / Mayo-Junio 2016

Jordi Gracia

Cervantes

Las rutas del compromiso

Existen muchos retratos sobre Miguel de Cervantes, entre ellos este óleo atribuido a Juan de Jáuregui que se conserva en la Real Academia de la Lengua, aunque ninguno de ellos es una representación auténtica hecha en su vida. Todos se basan en la descripción que Cervantes trazó de sí mismo en 1613 en el prólogo al lector de sus Novelas ejemplares

Se repite tantas veces que no sabemos casi nada de la vida de Cervantes que hemos acabado creyéndonos que de la vida de Cervantes no sabemos casi nada. Pero no es demasiado verdad: sabemos de la consistencia de sus convicciones y la perseverancia de sus afectos, sabemos de su rebeldía levemente arrogante y de su tenacidad en la adversidad, sabemos de su lealtad sumisa a los ideales clásicos y sabemos de su creciente insumisión a los ideales clásicos, sabemos del despliegue de sus antenas hipersensibles hacia la vida explosiva y agobiada de la gente de la calle en la plenitud de su madurez, sabemos de su incalculable sintonía emocional con las mujeres como posesiones tiranizadas por padres y esposos y sabemos de su empatía indisimulable con ellas como víctimas de raptos, violaciones y tratos comerciales, sabemos de la relajada y tranquila vitalidad que infunde a sus criaturas cuando los dogmas han ido quebrándose en su corazón, aunque nada lo convierta en un cínico descreído ni menos todavía en un resentido, y sabemos también que no siempre vivió pacífica e indolentemente los ataques de sus contemporáneos ni el desprecio culto que suscitó su obra maestra absoluta; sabemos de su pueril vanidad de autor y sabemos que se defendió y contraatacó con sarcasmos gruesos y con sutilezas inverosímiles de puro geniales al final de su vida; sabemos, en fin, que cuajó otro escritor en torno a sus cincuenta años, cuando empezó a ser hombre con convicciones y sin convicciones absolutas para narrar la existencia desde la ironía y desdramatizar lo real sin relativizarlo ni disolverlo en nihilismo alguno. Su mirada educó la nuestra.

Para leer este artículo completo COMPRA ESTE NÚMERO o SUSCRÍBETE A LA REVISTA