#51 / Marzo-Abril 2022

José Esteve Pardo

Ciencia y política

Su tortuosa relación ante la incertidumbre

Cuando todavía era un desconocido, Thomas Hobbes, que se ganaba la vida como preceptor de un joven aristócrata, programó para él un viaje de estudios con un itinerario que deliberadamente pasaba por Arcetri, una insignificante población cerca de Florencia donde Galileo vivía por entonces, ya retirado, sus últimos años. La visita al célebre científico era sin duda un velado y firme propósito de Hobbes al organizar el viaje. El encuentro no quedó en una visita de cortesía: fueron varios días de animadas conversaciones cuyo contenido desconocemos, aunque bien podemos intuir su tema principal. Estaba por entonces Hobbes empeñado en la construcción de una teoría política del Estado (la presentaría quince años después en su gran obra, Leviatán) que no se fundamentara, como hasta entonces, en la tradición, la metafísica o la teología, sino sobre bases científicas, empíricas, como las que podía encontrar en Galileo y sus descubrimientos sobre las leyes físicas que rigen las relaciones entre los cuerpos. Un siglo más tarde, Newton será capaz de escribir esas leyes en el lenguaje de la ciencia, el lenguaje matemático. Surge de ahí la idea de ley universal, cierta, ineluctable, que tanta fascinación suscitará, primero en la filosofía política de Immanuel Kant y luego en todo el pensamiento ilustrado.

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