#3 / Enero-Febrero 2014

Josep Ramoneda

Contra lo que impide al hombre ser él mismo

Notas sobre Albert Camus, un moralista reluctante

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El día después de la liberación de París, Albert Camus en su editorial de Combat escribe: «Nada viene dado a los hombres. Lo poco que podemos conquistar se paga con muertes injustas. La grandeza del hombre no es ésta. En su propia capacidad de decidir está la posibilidad de ser más fuerte que su propia condición. Si su condición es injusta, no hay más que una manera de superarlo, ser justo él mismo». Es la libertad la que nos permite sobrepasar nuestra condición, dar sentido a nuestra proverbial contingencia. La apuesta de Camus es radical: «Por el hombre sin otro futuro que él mismo». Joan Fuster lo dijo a su manera: «Que el hombre no se sienta culpable de ser hombre o de sólo ser hombre». Albert Camus había conocido la miseria, había sentido que la pobreza no tenía pasado, había abrazado la vida con la convicción de quien sabe que no tiene otra cosa. Sin miedo a mirarle a la cara, sin necesidad de hipotecarse en fantasías para resistir: ni Dios, ni religión, ni historia. Su pavor a la creencia le costó alguna marginación –el enfrentamiento con Sartre lo testifica– pero él siempre tuvo claro para quién escribía.

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