#12 / Julio-Agosto 2015

Daniel Innerarity

¿Cuánta transparencia soportan nuestras democracias?

Durante los últimos años, el concepto de transparencia ha hecho una carrera meteórica en nuestras sociedades democráticas. La observación del poder se presenta como el gran instrumento de control ciudadano y de regeneración democrática. Ahora bien, como todo principio político tiene que ser promovido y equilibrado con otros. Conviene que el entusiasmo por la transparencia no nos oculte las dificultades de ejercerla verdaderamente, sus inconvenientes y sus posibles efectos secundarios, así como el juego de ocultaciones que puede promover. Además de observar, la ciudadanía tiene que disponer de otras capacidades tan esenciales para la democracia. Si atendemos a todas las variables que intervienen en la sociedad democrática, podemos afirmar que la transparencia es un valor que debe ser promovido en su justa medida, tan necesario como limitado, que una democracia requiere transparencia pero no la soporta en exceso, ni se puede erigir como único principio. Nuestras democracias oculares se articulan en torno a la observación del combate que libran sus élites y en la observación de ese espectáculo radica tanto la fortaleza de su control como las limitaciones de la transparencia.

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