#3 / Enero-Febrero 2014

Elettra Stimilli

La deuda y la culpa

Culpa y sacrificios

Ejercicios para una vida endeudada

En los últimos años hemos asistido al desarrollo de una «mega-máquina» construida «a fin de maximizar y acumular, en forma de capital, y al mismo tiempo de poder, el valor extraíble del mayor número posible de seres humanos. […] La extracción de valor tiende a abarcar todos y cada uno de los momentos y de los aspectos de la existencia».1 Se trata de una auténtica «máquina social», que por su poderío «ha superado a todas las anteriores […] debido a su extensión planetaria y a su penetración capilar en todos los subsistemas sociales y en todas las capas de la sociedad, de la naturaleza y de la persona».2 Lo que ha permitido que ese mecanismo funcione de una forma tan ramificada es precisamente la estrecha relación que ha instaurado con la vida de los individuos y de las comunidades. Una condición primordial de este fenómeno es que se ha colocado a la empresa –a la empresa capitalista– en el centro de todas las relaciones sociales, llegando a individualizarse en la forma de «empresa de uno mismo».

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