#33 / Enero - Febrero

La servidumbre voluntaria

De la autoemancipación

Manuel Cervera-Marzal

© Arnal Ballester, www.arnalballester.com

El Discurso de la servidumbre voluntaria fue escrito hacia el año 1549 por Étienne de la Boétie, un estudiante de Derecho de la Universidad de Orleans. Entonces tan sólo tenía dieciséis o dieciocho años. Con un espíritu tan joven, el exégeta se aprestaría a buscar las influencias de su época; sin embargo, su amigo íntimo, Montaigne, en sus Essais (libro I, capítulo XXVII), declara que «tenía el espíritu moldeado por patrones de otros siglos diferentes al suyo». Pierre Clastres, mucho más tarde, en su texto «Liberté, Malencontre, Innommable», insistiría en la autonomía del pensamiento de La Boétie: presentaba un enfoque riguroso, que sólo obedecía a su propio movimiento y a su propia lógica, que escapaba a la historia. No obstante, no puede arrancarse a nadie de su contexto histórico por completo: en tres puntos como mínimo, el Discurso es el reflejo de su época. La Boétie fue el joven cadete de una nueva escuela de demócratas especialistas en derecho público (Hubert Languet, François Hotman) que ya anunciaban el derecho del pueblo a deponer a un rey o la doctrina de la soberanía popular y la de la insurrección legítima. Además, De Thou, un gran historiador del siglo xvi, considera el Discurso como una «valiente protesta» ante la cruel represión de Enrique II contra la rebelión rural del impuesto de la sal en la Guyena. El Discurso se habría redactado bajo el influjo de esta amplia protesta popular sofocada por el poder del Estado, en 1548. Finalmente, la profunda proximidad de las ideas de Maquiavelo y de La Boétie deja suponer que estos dos espíritus, aunque fueran innegablemente innovadores, fueron también los reflejos de una misma época: la de la laicización del pensamiento político.

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