#40 / Marzo-Abril

© Arnal Ballester, www.arnalballester.com

 

Cabe imaginar el cosmos como una gran rebelión (el «Big Bang») frente a la nada, lo vegetal como resultado de una rebeldía ante lo mineral, lo animal como rebeldía ante lo vegetal y lo humano como rebeldía generalizada, o en proceso de generalización, pues cada individuo humano es un rebelde en potencia, un ser capaz de rebelarse contra todo, incluso de ser un «rebelde sin causa». Pues la rebeldía, como casi todo en esta vida, tiene un carácter ambiguo, ambivalente (como cohabitado por un duende extraño). Suele ser positiva y negativa al mismo tiempo; benéfica y creadora de sentido a la vez que crítica y disolutora. La rebeldía es un decir no a algo dado, pero en nombre de un sí a algo anhelado; rechaza lo presente, pero espera algo ausente.

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