#47 / Julio-Agosto 2021

La quimera del mérito

De mérito e igualdad

Àngel Puyol

© Keith Corrigan/Alamy Foto de stock

El premio Nobel de economía Herbert A. Simon afirmó un año antes de fallecer que el 90% de los logros sociales de una persona no se deben al mérito individual, sino a su pertenencia a una sociedad particular, lo que le permite interaccionar con otros miembros de esa sociedad bajo prácticas sociales e institucionales que proporcionan un acceso a determinados recursos, a menudo disponibles sólo para unos cuantos miembros privilegiados. En otras palabras, sólo es verdaderamente «nuestro» –lo que nos pertenece meritoriamente– el 10% de lo que ganamos. El resto se lo debemos al azar, a la sociedad en la que vivimos. La aseveración de Simon no hace sino confirmar la sospecha que todos tenemos en la vida cotidiana cuando observamos las posiciones sociales de las personas. La élite social, económica y política no suele ser mejor que cualquiera de los demás. Si sobresalen socialmente se debe, precisamente, a que ocupan esas posiciones elevadas y no a sus hipotéticas cualidades personales. Habitualmente, no destacan ni por su inteligencia, ni por su sabiduría, ni siquiera por su valía profesional, sino por su origen familiar y educativo, sus contactos personales y, siendo generosos con el principio del mérito, por su astucia para medrar en un entorno competitivo.

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