#41 / Mayo-Junio 2020

Editorial

De Weimar y del Coronavirus

Josep Ramoneda

© Esperança Rabat

Weimar y el final de las certezas», el dossier central de este número, es fruto de un curso de la Escola Europea d’Humanitats del Palau Macaya de Barcelona. Cuando en verano del año pasado lo programamos, a propuesta del profesor Pau Pedragosa, nunca hubiésemos imaginado que su publicación llegaría en el insólito contexto de la crisis del Covid-19 que ha sometido a medio mundo a la experiencia de un confinamiento masivo.

La actualidad de Weimar está en que simboliza la gran transformación, en todos los ámbitos del saber, de la creación y de la experiencia, que fue preludio de una Segunda Guerra Mundial, de la que saldría un mundo nuevo: definido por la rígida seguridad de la Guerra Fría –con la bomba atómica como poder de disuasión, la configuración en Europa y en Estados Unidos de un modelo de bienestar con niveles de igualdad sin precedentes y la culminación del proceso de emancipación de los países sometidos al colonialismo.

Los diálogos de Hans Castorp –el protagonista de La montaña mágica de Thomas Mann– expresan la contradicción central de la época, en que las sombras de la experiencia existencial amenazaban los tortuosos caminos de la razón. Settembrini representa la razón ilustrada que mira optimista hacia el futuro, confiando en la ciencia, el progreso tecnológico y la razón ética. Naphta es un vitalista, pesimista, bajo el que asoma el existencialismo como aguafiestas de las fantasías del progreso. La reflexión sobre Weimar nos parecía –y nos parece– esencial en un momento en que una visión nihilista del progreso –emanada de la llamada revolución neoliberal– amenaza los ideales democráticos y racionalistas, y provoca un resurgir de viejos fantasmas que apuntan hacia el autoritarismo posdemocrático.

La crisis de 2008 levantó acto de esta encrucijada a la vez que rompió las clases medias del primer mundo y abrió grandes fracturas sociales en unas comunidades perdidas en el individualismo. Evocar la República de Weimar era una forma de reflexionar sobre esta nueva coyuntura, en que Europa había renunciado al capitalismo industrial, subrogándolo a Asia, y la globalización empequeñecía el mundo. Estábamos encallados en una especie de presente continuo y de pronto el Covid-19 levanta acta de la fragilidad del que algunos ya cantaban como el mejor de los mundos posibles. En palabras de Byung-Chul Han, ha sido el virus real y no el informático el que ha causado la conmoción. Con lo cual, la crisis de las certezas es ya tan evidente como en los tiempos de Weimar. Y nos vemos obligados a recordar que somos naturaleza y que la razón tecnológica queda fuera de control cuando, al servicio de intereses poderosos, olvida la condición humana.

Tiempo habrá en posteriores ediciones de la revista para afrontar la reflexión sobre el mundo después del Covid-19. Ahora, la evocación de Weimar nos permite reflexionar sobre qué ocurre cuando las certezas decaen y sobre cómo alcanzar una fase nueva de nuestra existencia desde el respeto a la naturaleza de la que forma parte la condición humana. ¿Es posible ganar el futuro sin pasar por las tragedias del siglo pasado?

Daniela Angelucci, en «La filosofía y el mar» (este lugar donde tantos sueños acaban, como testifica el artista Nikolaj Larsen), pone la mirada en los grandes olvidados de una Europa a la deriva –las migraciones que cruzan el Mediterráneo– y apunta a tres conceptos que el mar puede enseñar a la filosofía para pensar el después de la epidemia: temblor, incertidumbre, invención. Sencillamente, recuperar la condición humana en su proverbial fragilidad y con ella el sentido trágico que nos protege de la pérdida de la noción de límites (que es el preludio de las grandes catástrofes).