#18 / Julio-Agosto 2016

David Castillo y William Egginton

Lecciones sobre el futuro próximo

Del amor cortés al dinero espectral

La noche oscura del alma en la era de los medios inflacionarios

Entre las muchas muestras vulgares de megalomanía que los expertos supusieron, erróneamente, que hundirían su campaña presidencial de 2015 antes incluso de que empezase, fue particularmente memorable el desvergonzado orgullo con el que Donald Trump aseguró haberse acostado con «las mejores mujeres del mundo». Aunque lo más sencillo sería limitarse a rechazar esta afirmación como una mera muestra de la esperable misoginia de los hombres poderosos, de hecho es posible que merezca un análisis más profundo. Sin duda, al tratar de incrementar su estatus cifrando y calificando a las mujeres con las que supuestamente había mantenido relaciones, Trump las estaba tratando como meros objetos para ser acumulados y mostrados. Pero también estaba revelando un nexo que hombres con más tacto tienden a por lo menos fingir que guardan bajo mesa: el que une riqueza, poder y sexo.

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