#47 / Julio-Agosto 2021

La quimera del mérito

Del republicanismo como meritocracia

Ferran Sáez Mateu

Inmigrantes desembarcando en la isla de Ellis en Nueva York, circa 1907. © Archive Pics/Alamy Foto de stock

Estamentalismo e impugnación del mérito individual

 

Publicadas en dos considerables volúmenes, las Mémoires d’un Royaliste del conde Alfred de Fal-loux (1811-1886) constituyen algo más que una curiosidad de la Francia decimonónica. De Falloux es un personaje interesante. Se opuso a la deriva reaccionaria de los realistas franceses de la época: fantaseaba con un aggiornamento político e institucional de la monarquía que, en ese momento, resultaba simplemente inconcebible. Una frase lapidaria en la breve introducción de Georges de Blois: «Le royalisme c’est le patriotisme simplifié». Tremendo. Se trata de unas memorias con un planteamiento histórico muy lineal y plano. No teoriza. Las ideas de fondo sólo se localizan entre líneas; nunca son explícitas. Una de ellas se basa en la crítica a un republicanismo que, en su obsesión meritocrática, corrompe la estabilidad social y lo pone todo patas arriba. Porque resulta –¡ay!– que los zapateros conciben a veces hijos muy capaces, mientras que los nobles pueden traer al mundo a verdaderos imbéciles; y eso no es compatible, por supuesto, con el orden natural derivado de la igualdad estamental. Dicho concepto conecta en el tiempo la mentalidad gremial medieval con el igualitarismo selectivo de los totalitarismos del siglo XX. La clave se halla sin duda en una de las tortuosas corrientes subterráneas de la idea de progreso, formulada por primera vez en un contexto teológico por Joaquín de Fiore en el siglo xii (este asunto me llevaría a un ex cursus monstruosamente largo; me remito a mi ensayo Progresismo –Tibidabo Ediciones–, publicado en 2017).

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