#55 / Noviembre-Diciembre 2022

La democracia directa

¿Democracia directa y toxicidad informativa?

David Block

© Marta Jarque

Este ensayo tiene su punto de partida en las palabras del filósofo italiano Norberto Bobbio: «nada mata más la democracia que el exceso de democracia». Bobbio escribió estas palabras en medio de una discusión más general sobre la posibilidad, la viabilidad y la conveniencia de la democracia directa en las sociedades contemporáneas. En estas sociedades confluyen fenómenos que necesariamente moldearán y condicionarán cualquier intento de introducir la democracia directa, como la creciente digitalización de nuestras vidas y la cada vez mayor falta de confianza en las instituciones y el funcionamiento de la democracia indirecta. Además, como sugiere Bobbio, «las instituciones públicas no pueden someter continuamente al pueblo a decisiones que crean fracturas sociales». En mi opinión, el no poder practicar la democracia directa por temor a crear y/o exacerbar la división de la población se debe en gran parte al hecho de que en los países demócratas ya existe una gran división de las poblaciones en campos, ya no sólo opuestos, sino enemistados. Y esta división se ve reforzada y fortalecida por la balcanización informacional de esas poblaciones y la toxicidad informativa que la ha acompañado y que se ha convertido en parte integral de la ya mencionada digitalización de nuestras vidas. En lo que sigue, reflexiono sobre varios factores en la creciente polarización de las poblaciones en diferentes países que hacen difícil la práctica de la democracia directa. Primero, sin embargo, explico cómo entiendo los conceptos «democracia» y «democracia directa».

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