#1 / Septiembre-Octubre 2013

Judith Butler

Nosotros, el pueblo

Reflexiones sobre la libertad de reunión

De personas que se reúnen y toman la palabra para reclamar colectivamente un cambio de política o la dimisión del gobierno, existen numerosos ejemplos. La plaza Tahrir ha pasado a ser emblemática de estas concentraciones de cuerpos en la calle: los manifestantes empezaron pidiendo la dimisión del régimen de Moubarak, después continuaron bajo diversas formas ocupando en masse* el espacio público para protestar contra las medidas tomadas por el gobierno de transición, contra los nombramientos en puestos oficiales de torturadores del régimen derrocado, contra la precipitación en la elaboración de la nueva Constitución y, más recientemente, contra el desmantelamiento del sistema judicial por decisión unilateral del presidente. ¿Cuál es, pues, este «nosotros» que se reúne en la calle y se afirma –a veces por la palabra y por la acción pero la mayoría de las veces formando un grupo de cuerpos civiles, audibles, tangibles, expuestos, obstinados e interdependientes? Si bien a menudo se estima que de tal asamblea emana el acto de enunciación por el cual «nosotros, el pueblo» afirma la soberanía popular, quizá sea más justo decir que esta asamblea se expresa por sí misma, que ya constituye una manera de promulgar la soberanía popular. El «nosotros» que expresa el lenguaje ya está realizado por la reunión de los cuerpos, sus movimientos, sus gestos, su forma de actuar de concierto, por citar a Hannah Arendt.

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