#45 / Marzo-Abril 2021

La vulnerabilidad

El arte y el daño

Arne de Boever

«El smartphone LG G Flex, que “viene incluso recubierto de una capa que se autorrestituye, es decir, que hace que desaparezca todo rasguño, todo rastro de daño al cabo de muy poco tiempo”, y señala que es, “por así decirlo, invulnerable”.»

En su libro La salvación de lo bello, el filósofo alemán (nacido en Corea) Byung-Chul Han afirma que «Sin daño, ni la poesía ni el arte son posibles» (La salvación de los bello, Herder, 2015). «El pensamiento –continúa–, también se ve impulsado por la negatividad del daño. Sin dolor ni daños, lo mismo, lo familiar, lo habitual continúa.» Se trata de una afirmación sorprendente y trascendental –Lillian Wilde la tilda de «hiperbólica» (en Philosophy Now 130, febrero-marzo de 2019, p. 47)– no sólo acerca del pensamiento, el arte y la poesía, sino también de la ética, ya que implica que la invulnerabilidad excluye a la alteridad. Por ahora, sin embargo, quiero centrarme en el modo en que, en el párrafo inicial de La salvación de lo bello, Han expone lo que él percibe como la contrafigura del dolor: lo pulido. El filósofo escribe:

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