#54 / Septiembre-Octubre 2022

Roger Bartra

El exocerebro y los robots

Brain-app. © Esperança Rabat

Los neurocientíficos que escudriñan del cerebro no han logrado disipar el misterio de la conciencia humana. Y no han podido resolver el problema debido a que la solución no se encuentra exclusivamente en el cerebro, sino que está escondida en lo que llamo el exocerebro, un conjunto de redes simbólicas que expanden las funciones cerebrales en los espacios culturales. Para resolver el misterio se necesita la unificación de las ciencias neuronales con las culturales. El problema es similar al que enfrentan los físicos, que no han logrado unificar la mecánica cuántica con la gravitacional. Mi teoría del exocerebro es un intento por colocar en el mismo espacio de investigación las redes neuronales y las redes simbólicas. No se trata solamente de ver que la conciencia humana, como la de otros animales, implica una relación del sistema nervioso central con el resto del cuerpo y con el medio ambiente (natural y social). Se trata de un problema más complejo: en los humanos hay una autoconciencia, es decir, la conciencia de ser conscientes. Esa condición propiamente humana está estrechamente ligada a un fenómeno cultural: el habla que no es simplemente un conjunto de palabras y de estructuras gramaticales almacenadas en el cerebro. Es un sistema colectivo de comunicación flexible y que evoluciona. No es un diccionario y un manual de sintaxis memorizados.1 Es un flujo social y cultural. Los neurólogos no han logrado saber cómo el lenguaje se expresa en los circuitos neuronales, aunque se habla vagamente de las áreas del habla en el cerebro (de Broca y Wernicke).

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