#1 / Septiembre-Octubre 2013

Jorge Wagensberg

El mapa del conocimiento

El Hipercubo del Conocimiento © Hernán Crespo Bermejo

La mente piensa, más aún, a la mente le cuesta mucho dejar de producir pensamiento. Hay que concentrarse más para no pensar que para no respirar. La mente se apoya en un cerebro que dispone de unas ochenta y cinco mil millones de neuronas, lo que a su vez significa trillones de conexiones posibles. Esto da una idea del tamaño descomunal que puede alcanzar un pensamiento en bruto, es decir, un pensamiento con todos sus matices originales, una entidad que aún no ha salido de la mente en la que ha nacido. Acaso se necesite una cantidad de información prácticamente infinita para reproducir un pensamiento con una fidelidad perfecta. Por ello, en el límite, todo pensamiento pertenece sólo a la mente que lo ha producido, o sea, es irrepetible para cualquier otra mente. Sólo el autor del pensamiento lo abraza de un plumazo en toda su integridad y presunta infinitud. Esto no impide que se puedan comunicar pensamientos. Se puede, pero antes hay que convertir el pensamiento en moneda de conocimiento.

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