#8 / Noviembre-diciembre 2014

Nadia Urbinati

Religión y razón. Nuevas cartas sobre la tolerancia

El mito de Concordia

El lugar de Dios en la constitución ha sido una de las cuestiones más delicadas en el debate sobre el tratado constitucional de la Unión Europea, y ha influido sobre el proceso de ratificación. A lo largo de las cinco décadas transcurridas desde la firma del Tratado de Roma, en 1957, los líderes europeos han venido intentando construir una Europa unida sobre unos fundamentos seculares de tratados y normativas económicas. Da la impresión de que esos fundamentos ya no están a la altura de las circunstancias. Últimamente se han hecho esfuerzos para incluir otro factor: la religión. En 2006 la canciller Merkel se manifestó a favor de una referencia a Dios en la constitución europea; su punto de vista encontró la oposición de la secularista Francia, y fue acogido con un caluroso apoyo por algunos países católicos como España, Italia, Irlanda, Eslovaquia y Polonia. El 17 de diciembre de 2007 se aprobó la siguiente enmienda en el Preámbulo del Tratado:

Para leer este artículo completo COMPRA ESTE NÚMERO o SUSCRÍBETE A LA REVISTA

HAS AÑADIDO ESTE PRODUCTO

a La Maleta de la compra!