#4 / Marzo-Abril 2014

Lluís Bassets

Señales que vienen de Oriente

El nuevo desorden árabe

Cundió la alarma. el miedo de los poderosos llegó incluso a Pekín, donde las autoridades prohibieron el uso de la flor del jazmín, símbolo de la revolución tunecina, en la jardinería pública y en los mensajes de internet. Los dictadores caían uno detrás de otro como fichas de dominó. Nunca se habían visto tantas y tan concurridas manifestaciones en todo el mundo árabe, desde Marruecos y Mauritania hasta Irak y Yemen. Una nueva modernidad pública estaba irrumpiendo súbitamente en sociedades hasta entonces inmóviles y anquilosadas y lo hacía con un lenguaje político insólito, en el que los enemigos tradicionales, Israel y Estados Unidos, habían desaparecido del primer plano. Ni rastro tampoco de Al Qaeda y del islamismo más radical. Las nuevas generaciones que se estrenaban en la escena pública, al igual que sus coetáneos del resto del mundo, utilizaban los teléfonos móviles y las redes sociales como nuevos instrumentos para comunicarse y para participar en la vida política, precisamente lo que les negaban los regímenes en plaza. Surgían unas nuevas muchedumbres en las que todo se mezclaba, desde las formas de vestir y los velos tradicionales, hasta la indumentaria más occidentalizada. El estatus quo mantenido durante decenios se estaba agrietando en aquel final de invierno de 2011 y surgía el sueño de un nuevo orden más justo, libre y democrático, en una región que apenas ha conocido la libertad y la democracia en toda su historia.

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